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jueves, 17 de junio de 2010
El chico de la rosa
Soy idiota.
Si, lo he sido siempre, no es una revelación sorprendente.
El caso es que suelo quejarme a menudo del surtido de hombres que rodean mi mundo. Aquellos que desaparecen más rapido que la alegría de la aficción española en el mundial. Esos hombres a los que insulto por que sólo buscan unas tetas contra las que frotarse.
Hace unas semanas cumplí 27 años, me fuí cuatro días fuera para celebrarlo. El viaje no tenía otro fin que salir por ahí, volver con 4 kilos de más y olvidarme un poco de la vida cotidiana que no es que me conforte mucho.
Una noche, bailando "Grease" en una pub (si, aún hay sitios que no se olvidan de las canciones míticas), crucé un par de miradas con un chico con bastante gracia, una perilla y los oyuelos más simpáticos que había visto en mi vida.
Nos acercamos un par de veces y bailamos "juntos" aunque no revueltos.
Al cabo de unos minutos, vino con una rosa en la mano. No usó ninguna frase tipo "una rosa para otra rosa" ni nada por el estilo. Sólo me la dió y me sonrió. Hablamos un poco y seguimos nuestro camino.
Al mismo tiempo mis amigas hablaban con un grupo de chicos de esos catalogables en el grupo de "tíos buenos" y con los que yo no había cruzado palabra.
Querían cambiar de bar, así que me acerqué al chico de la rosa y le dije donde íbamos a estar. Lo cierto es que parecía "diferente", quizá fue una gran ilusión óptica, pero realmente parecía que merecía la pena dedicarle algunos minutos más.
Me lo encontré rato más tarde en "El Granero".
Hablamos... Nos hicimos unas fotos y poco más. Sólo me miraba.
Le dije que tenía que ir al baño y el me dijo que iba a ver como estaban sus amigos. Nos perdimos por un instante cuando yo volví de vaciar la vegija (cosa que hago muy a menudo).
Sabía que estaba por ahí... Pero al final, terminé en los brazos de uno de los "tíos buenos" con los que íba el resto del grupo. Un especímen de los antes mencionados, con el único objetivo de mostrarme sus tatuajes y abdominales en un baño público o con suerte en una habitación de hotel.
Y es que, al final... siempre es lo mismo: Soy idiota.
Pd: Si alguien sabe de un chico, que regaló una rosa a una chica que cumplía 27 años y a la que después vió morreandose con un fornido gilipollas que le dé mis señas. Gracias.
¡Feliz jueves!
jueves, 3 de diciembre de 2009
Lola
Parecemos dos locas soplando una vela anti-tabaco.
Me miras con ojos extraños mientras canto a voz en grito el cumpleaños feliz.
Estás contentísima por la cena especial que hoy por ser tu cumple te he preparado.
Cualquiera podría pensar que una mujer independiente que celebra una fiesta privada, para dos, el día en el que cumples un año es una descerebrada (no les falta razón).
Y es que, me desquicias, me enfadas, ensucias, lloras, ladras hasta dejarme sorda y consigues que un simple paseo sea mi peor pesadilla. Aún así, no te imaginas la falta que me haces.
Para mi amiga perruna:
¡Feliz primer año!
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