jueves, 30 de julio de 2009

Apariencias

Sergio estaba dormido.

Ana salió de casa muy temprano con su ipod y sus mejores galas (deportivas, eso sí). Ella siempre viste bien, aunque sea para salir a correr. Ayer se fundió prácticamente todo el saldo de su tarjeta de crédito en 2 trapitos y un perfume.


Sergio viaja constantemente, así que la casa que comparten desde hace 2 años, en realidad se dibuja como la casa de una chica. Sergio, sólo come y duerme allí. Pero no es su casa, al menos, el no la siente como tal.

Hace tiempo que dejaron de tenerse ganas, físicas y mentales. Ya no ríen tanto como antes, ni hacen el amor con la frecuencia de los primeros años. Cuando él, vuelve de viaje si hace muchos días que no se han visto intentan rememorar años pasados y ponen ímpetu y emoción en sus relaciones sexuales. Solo lo intentan. Debajo de las sábanas los dos piensan que está todo acabado.

El tiempo pasa.
Las cosas se suceden con normalidad, las apariencias a veces nos hacen actuar de manera irracional. Ellos se quieren, aunque hace siglos que no se amen. Aunque nunca se satisfagan el uno al otro haciendo el amor. Los chistes ya no resultan ni siquiera graciosos y no se añoran demasiado en los largos viajes de Sergio.

Nunca lo hablan. Aunque ambos saben que los dos piensan lo mismo. “Siete años de relación no se pueden tirar por la borda por un bache” eso se dice Sergio después de subir la cremallera del pantalón, que su ciber-amiga polaca le hizo bajarse para ella durante su sesión habitual de ciber-sexo-cam.

Ana, hacía meses que se tiraba a su compañero de trabajo. Ella se torturaba todos los días de su vida por ello y mientras se desnudaba en la cama de su amante, siempre pensaba que esa sería la última vez.
En realidad cuando “el otro” la tocaba creía firmemente que era algo necesario para ella. Una “vidilla” sexual que su pareja no le ofrecía.

Los sábados con los amigos, son la pareja perfecta. Todo el mundo les dice constantemente los afortunados que son por estar juntos. Lo bien que se les ve siempre.
Los domingos son más o menos parecidos. Comida en casa de los padres y siempre con una sonrisa en la boca. El día del descanso divino lo dedican a escuchar antes, durante, después de la comida y en el café las preguntas típicas de unos padres que anhelan nietos tanto como quitarse 30 años de encima.
Ellos sonríen, siempre lo hacen, y les contestan amablemente que será muy pronto. Ambos tiemblan silenciosamente en esos momentos.

Ana vuelve de su carrera. Tranquila y sonriente. El deporte le hace olvidar.
Sergio, por su parte ya ha hecho café y lee el periódico.
-Buenos días, cariño.
-Buenos días.
-¿Café?
- No, gracias. Tengo prisa. Tomaré un café con los “compañeros” en el trabajo.
- Bien, yo trabajaré en casa. Estoy contentísimo con el nuevo ordenador que hemos comprado. Unos gráficos increíbles.
-Si
-Pues… si. Hasta luego.



5 comentarios:

Un fraggel por Sevilla dijo...

Lo que viene a llamarse rutina.

Bogart dijo...

Eso no es vida.

La vida es salir a correr deseando volver a casa para no salir.
Es planear y querer que te acompañen en esos planes y que el otro esté deseando acompañarte.

Eso que describes no es vida.

Y la vida existe....

Si no existiese no habría esperanza y no tendría sentido la búsqueda.

Y en eso estamos.

Javier dijo...

Mi humilde teoria es que hay que correr siempre delante o detrás de algo... ya sea una pelota o la vida misma.
Un saludo paisana, el año que viene prometo una llamada.

Juan Luis G. dijo...

En tiempos de crisis hay que procurar, en la medida de lo posible, alargar la vida útil de los objetos.

Saludos.

Southmac dijo...

Bueno, supongo que somos cíclicos. Vivimos en un planeta que da vueltas de un modo más o menos inevitable.

Quizá el sentido de todo esto sea precisamente ese darse de cabezazos contra el mismo muro una y otra vez.

Quizá...