Mostrando entradas con la etiqueta tropiezos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta tropiezos. Mostrar todas las entradas

viernes, 16 de abril de 2010

Viernes


Son geniales incluso los momentos en los que te espero nerviosa, ansiosa y desesperada acurrucada en el sofá de casa... Una intranquilidad tranquila es básicamente lo que despiertas en mi.

Llegas pronto, mucho más de lo que yo esperaba y tengo que hacer piruetas con la plancha del pelo mientras tocas el timbre. Lo curioso del asunto es que tampoco me importa demasiado si tengo que salir frente a ti con la cara lavada y el pelo arremolinao.

Apareces con traje, recién salido del trabajo y completamente repeinado. He de decir que me gusta mucho más cuando te "desmelenas". Nos abrazamos... y yo, sigo tensa. Tensión que va desapareciendo a medida que avanzan las bromas y los piques, los reproches de broma y los besos en serio.

Con el paso de las horas me doy cuenta de que soy incapaz de dejar de sonreir, eso era algo que hacía tiempo no me pasaba. Normalmente yo siempre estoy medio enfadada, o al menos con media sonrisa de esa que asusta.
Contigo es distinto, me siento libre y encerrada, me siento yo y otra persona a la vez. Tengo la seguridad de que jamás iremos más allá que el hecho de vernos esporádicamente y que me hagas feliz esos minutos pero también quiero saborear al máximo ese espacio que me brindas y de la posibilidad de lo imposible, de la ilusión de la catástrofe.

Se acabó el fin de semana, empezó el mal tiempo. Te llevaste el sol a eso de las 6 de la tarde para dejarme una semana más que gris.

Saliste de la puerta de mi casa y nos dimos un beso, yo huí a la ducha para conseguir desprenderme un poco de tu olor penetrante, de la angustiosa felicidad.

Cuando aún me enjuagaba el pelo, oí el movil sonando sin parar cerca del lavabo y el timbre de casa gritando mi nombre. Reflexioné... Y sólo podías ser tú. ¿Vendrías a decirme que te quedabas para siempre?... Tonta de mí. Abrí la puerta encharcada no se muy bien si en el sudor de la emoción o en la mascarilla para el pelo y ahí estabas, con una sonrisa en los labios... y preguntándome si era tan amable de ayudarte a cerrar el maletero de tu descapotable (...)


(Por que no cabían correctamente las maletas... Y adiós)

En fin. La vida.



Feliz fin de semana a todos :):):):):):)

sábado, 28 de noviembre de 2009

Calla, calla...

Tengo una piedrecita en mi zapato de tacón, comprado en rebajas hace más de 4 años.
Cuatro largos años resumidos en cuatro únicos minutos ,
con el dolor constante de la incertidumbre y el desasosiego.
No se a ciencia cierta si es la misma piedra con la que tropiezo una y otra vez,
no se si los 4 son 8, o si la la incomodidad de mis zapatos es psicosomática (palabra que por otro lado es bastante usada por los médicos cuando no tienen ni puta ide de lo que tienes).
Psicosomático debe ser mi falta de sueño, aunque en esta ocasión el médico, que aún no sabe si soy rubia o morena, me ha recetado unos orfidales que me resultan tranquilizadores... Obviamente.

El doctor, yo, los psicofármacos y los pobreticos.
En mi pueblo, los pobreticos son aquellos que hablan mucho, actúan poco y siempre se sienten atacados. Aquellos que dicen ser valientes y no han oído nunca la palabra "güevos", que no testículos, de eso si tienen. Esos que te quieren muchísimo, perdón, esos que dicen que te quieren muchísimo.
Los que se sienten desgraciados cuando no son capaces de dar un paso adelanta ni cambiar nada en absoluto de lo que les retiene en ese estado narcisista, en el limbo del saber estar, en el cielo de los necios y a los que la cabezonería y el orgullo les hace quererse más a sí mismos que a nadie.

Mi piedra y yo, somos compatibles, de eso no hay duda.
Ya tengo callo, no importa.
No me callo.


*Siempre nos quedará la buena música, eso al menos.*