Mi madre dice que me ha "mirao un tuerto".

En realidad, lo dice porque la pobre, está haciendo memoria para intentar recordar si en mi adolescencia rompí algún espejo y me llevé en el lomo, los siete años de mala suerte. Aunque, si fueran siete, ya deberían haber terminado... A lo mejor me cargué una ventana. No sé.
Y esto de la suerte, es bien relativo. ¿Quién puede negarme que quizá las cosas que me pasan ahora mismo me harán en algún momento la mujer más afortunada del mundo?
Termino una relación que yo creía de por vida... Y mira tu, para toda la vida, no hay nada. Pisoteada, machacada, aburrida y sintiéndome la persona menos importante del universo, veo un rallito de luz y encuentro una casa que es todo un CHOLLO.
Cuando me ilusiono finalmente por una casa estupenda, en un sitio inmejorable y a un precio de risa, me comunican que es MÁS que problable que en un par de meses máximo, me quede sin trabajo. Hay que tener cojones, y yo 3 mañanas perdidas llevando mis míseras nóminas a todos los bancos de la región. Vamos, que no me hipoteco. Que me voy al paro, con la cara de Fary que se me ha quedado.
Mientras el Sr. Zapatero, no me retire la ayuda por alquiler joven, seguiré siendo independiente. El día que tenga que volver a casa de mis padres, de camino, me tiraré por un puente.
La situación laboral me tiene jodida, si señor, muy jodida. Ya no tomo anticonceptivos, y me he ofrecido para la donación de óvulos. Pero coño, ¡Ni para eso me llaman!
Para colmo, llevo dos semanas sin papel higiénico (lo sé, lo sé... se soluciona comprando) Y cuando por fin compro un paquetito (el más barato de Mercadona, of course) me doy cuenta de que me he quedado sin servilletas y además, estas eran de esas con 5 capas, al menos.
Así que, la semana pasada me limpiaba el culo con servilletas de 5 capas, y esta me quito las miguillas de la boca, con papel higiénico barato.
Por lo demás, sigo durmiendo en la esquinita izquierda de una cama que cada día se me queda más grande. Cocinando para dos y esperando a alguien que nunca llega a cenar.
Al menos, mis vecinos han dejado de tirar piedras a mi patio... ¡Qué afortunada!.



