jueves, 21 de enero de 2010

Fisioterapia


Momentos antes, me parecía un absoluto infierno solamente el ser capaz de imaginarme de que manera, modo o brutalidad el fisioterapeuta que me esperaba a las 8 de la tarde podría descontracturar todos mis músculos.

El caso es que hacía más de 1 mes que apenas era capaz de girar con soltura el cuello, pero el tiempo (y siempre el jodido tiempo) no me habían permitido coger una cita hasta el día de hoy.

Aprendí de la última y única vez que me vió un osteópata que lo mejor era llevar un sujetador bonito, ya que al final terminas enseñándolo de una u otra forma. Así que me calcé un sostén que no fuera blanco mate y con algo de gracia. Ya que iba a sufrir, mejor que encima no estuvieran bromeando acerca de lo horripilante de mi ropa interior.

Llegué a la consulta y me lo encontré bromeando con otro compañero acerca del último partido de pádel que jugaron. Me pareció un pijo tremendamente repeinado. Con unos ojos verde alien, unos labios a lo Carmen de Mairena y más alto que lo que fueron en su día las torres gemelas. Parecía sacado de una revista moda. Tenía hoyuelos y una sonrisa profident, casi casi, tan perfecta como la mía.

Fue amable, incluso cariñoso. Me empecé a desvestir orgullosísima (ahora sí de verdad) de haber traído una ropa interior medio decente, si lo llego a saber me coloco el de encaje. Me tumbó boca-abajo en la camilla y me preguntó mientras paseaba sus dedos por mi espalda dónde me dolía. Y la verdad, es que me dolía todo.

Me sonrojé un poco cuando me dijo que tenía una espalda preciosa, pero que tendría que vigilar ese lunar de la parte superior. Yo le conté que venía de familia y el siguió masajeando... Ningún fisio había sido "tan suave", llegué a dudar de si era un simple masajista de poca monta y me soplaría 50 pavos por sonrisa (que gustosa pagaría).

El masaje se convirtió en intimidad, la intimidad en cálidas y fuertes manos paseando por mi espalda, y después por lo que dejaba de serlo. Una auténtica pena que no hubiese combinado también las braguitas ese día...

Me duele muchísimo el cuello, creo incluso que he empeorado. El "masaje" me salió gratis, y mañana llamaré a un osteópata de verdad para poder volver a ver a la consulta del de las manos gloriosas el mes que viene.

6 comentarios:

Un fraggel por Sevilla dijo...

¿Seguro que era un fisoterapeuta?

Take it easy! dijo...

A mi se me dan bastante bien los masajes, pero no consigo que me hagan uno a mi en condiciones.

La única vez que he ido a que me hicieran un masaje a un sitio de estos fue porque me regalaron el masaje... y la chica cuando me fue a quitar la cadenita que llevaba recibió una descargar eléctrica que hizo que luego le diera miedo hacerme el masaje. Muy surreal.

Suerte con el masaje... quizás no te arregle la espalda pero quien sabe que puede arreglar ;P

La sonrisa de Hiperión dijo...

A ver si no era un fisio? jajaja que yo tambiçen tengo mucho arte a la hora de los masajes jajajaj y no tengo título...

Saludos y un abrazo enorme.

Mario dijo...

Me duele el cuello... Mi espalda sufre que ni te cuento. Hay días que creo tenerla más torcida que la vida de un político. Uno de este país.
Me has hecho sonreír con esta entrada... pero vigilaré en qué manos dejo mis cervicales... y, sobretodo, que no me soplen ni cincuenta euros ni detrás de la oreja...

Saludos.

Mario

Bogart dijo...

Está claro, nunca se sabe dónde va a saltar la liebre o el lebrato....

A disfrutar de los dolores ;)

Un beso y feliz semana.

Delgaducho dijo...

Menos mal que al final la cosa a acabado suavizandose, estaba leyendo y pensando madre mia como acaba esto...jaja